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Noticias Zagreb se había convertido en nuestra ciudad
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ZagrebFueron siete meses los que estuvimos en Croacia. Zagreb se había convertido en nuestra ciudad y nuestros parientes eran nuestra familia.

Después que pasaron los cuatro meses de estudio del idioma, en la Facultad de Filosofía de Zagreb, no podíamos residir más en el Studenski Dom “Ante Starčević” por lo que nos mudamos a lo de nuestros respectivos parientes y amigos. No hay manera de describir lo bien que siempre nos recibieron. Nunca nos habíamos visto, pero nos tratábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Con ellos fue cuando se puso verdaderamente en práctica el idioma. Al principio nos costaba tanto y después, poco a poco y sin darnos cuenta estábamos dentro de sus conversaciones. Sentimos que habíamos cumplido con uno de nuestros objetivos, el de poder comunicarnos en el idioma Croata.

Los otros objetivos se habían ido dando a lo largo de los meses, como el de conocer lo mas que pudiéramos de Croacia. Para cuando finalizó el curso de “Croaticum”, aparte de Zagreb, ya habíamos conocido Osjek, Vukovar, Kutina, Katoličke Čaire, Kapelica, Crikvenica, Grižane, Blaškoviči, Rijeka, Pula, el Parque Nacional Brijuni, los Lagos de Plitvice, Krk, Daruvar y Sveti Ivan Zelina. Sin embargo, queríamos más y decidimos que ya era tiempo para conocer un poco más de Dalmacia.

Emprendimos viaje el 9 de julio hacia Dubrovnik (para muchos croatas: najlijepši grad u Hrvatskoj) y hay que admitir que nos enamoramos de la cuidad. Era la primera vez que nos bañábamos en las aguas trasparentes del Adriatico! Después de tres días, seguimos el viaje por Split, Brač (Bol–Zlatni Rat), Vodice, Šibenik, Zadar (donde paramos con Damian, Anabela y el pequeño Joshua), Omišalj (Krk), Novi Vinodolski, Grižane y Crikvenica otra vez.

Habiamos quedado fascinados con Dalmacia, con sus callecitas de piedra blanca, su iglesias y puertos, la comida y sobre todo con su transparente y tranquilo mar azul. Por eso fue que sin pensarlo tanto, decidimos escaparnos una última vez hacia el “Jadransko more”. Esta vez el paradero fue la isla de Hvar, en las ciudades de Hvar y Stari Grad.

Se pasaban los meses volando y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos a días de nuestra partida. Después de una semana repleta de despedidas llego el 13 de septiembre, día al que, sinceramente, no queríamos llegar.

Volver a ver nuestra familia y amigos, oler nuestros olores y pisar la Argentina fue hermoso; pero una cosa es seguro, todo lo que nos trajimos de Croacia fue mucho más que los 23 kg que nos permitían en las valijas. Vinimos llenos de “Hrvatska”, de sus bailes y cantos tan hermosos, de sus historias, de sus ciudades, de su mar, su cultura, idioma, gente, dichos y formas. Nos trajimos con nosotros todo lo que pudimos aprender, todo lo que nos enseñaron, llegamos con los ojos rebalsados de tanto ver y experimentar. Trasladamos todo lo que quisimos pero sin querer, algo se nos quedo allá. No estamos seguros de que pueda ser, pero lo cierto es que siempre hay algo que nos hace pensar en Croacia, nos hace creer que todavía estamos allá. Sea lo que sea, es una sensación que creo nunca se va a ir y es esa la sensación que seguro nos hace, algún día, volver a nuestra querida Croacia.

 

María Betania Matiak

Javier Ergui Blaskovich